miércoles, 2 de noviembre de 2011

Viajera

Al menos 16 horas al mes las paso arriba de un bus, para repartir mi cuerpo/alma entre los seres que más amo, sin embargo es probable que disfrute esas 16 horas más que otro día en cualquiera de mis dos ciudades, y no es que no sea feliz con la gente que amo, sino que es estar como en un trance, en un lugar que no es ningún lugar a la vez, donde sólo me pertenezco a mi misma, sin cumplir con las expectativas de alguien, sin recuerdos amargos, sólo yo más un libro música y/o lluvia, y un cielo estrellado o una nube que se alcanza a divisar a momentos entre las nubes pasajeras.
El pertenecer, el deber estar presente, pertenezco a mi corazón y mi corazón le pertenece a otro, debería estar presente en la vida de mi hermana, viéndola crecer, aprender, aconsejándola... Es curioso se me olvida que yo también estoy creciendo, aprendiendo y debo estar presente en mi vida, debería recordarme eso más seguido para dejar de sorprenderme cuando me encuentro en un lugar o situación y no se como llegué ahí.
La luz, se dice que te permite ver, pero ¿en realidad es así?, en este momento quiero ver ese cielo estrellado que me espera, pero no lo veo, exceso de luz. Mi temprana experiencia me ha enseñado que con la luz apagada puedes ver a las personas como son.
Sí, mi cabeza es un caos y no hay cohesión entre cada pensamiento.
Mi pelo también es un caos.

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