"Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desartar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
(...)
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado."
Francisco de Quevedo, Amor constante más allá de la muerte.