viernes, 11 de marzo de 2011

Ser, o no ser...

  •  ¡Ser, o no ser, es la cuestión!—¿Qué debe
  • más dignamente optar el alma noble
  • entre sufrir de la fortuna impía
  • el porfiador rigor, o rebelarse
  • contra un mar de desdichas, y afrontándolo
  • desaparecer con ellas?
  • Morir, dormir, no despertar más nunca,
  • poder decir todo acabó; en un sueño
  • sepultar para siempre los dolores
  • del corazón, los mil y mil quebrantos
  • que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
  • concluir así! Morir... quedar dormidos...
  • Dormir... tal vez soñar!—¡Ay! allí hay algo
  • que detiene al mejor. Cuando del mundo
  • no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
  • vendrán en ese sueño de la muerte!
  • ...
    • Ser o no ser, la alternativa es esa!
    • Si es a la luz de la razon mas digno
    • sufrir los golpes y punzantes dardos
    • de suerte horrenda, o terminar la lucha
    • en guerra contra un pielago de males.
    • Morir; dormir. No mas, y con un sueno
    • pensar que conluyeron las congojas,
    • los mil tormentos, de la carne herencia,
    • debe termino ser apetecido.
    • ...
      •  Ser o no ser... He ahí el dilema.
      • ¿Qué es mejor para el alma,
      • sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos,
      • o levantarse en armas contra el océano del mal,
      • y oponerse a él y que así cesen? Morir, dormir...
      • Nada más; y decir así que con un sueño
      • damos fin a las llagas del corazón
      • y a todos los males, herencia de la carne,
      • y decir: ven, consumación, yo te deseo. Morir, dormir,
      • dormir... ¡Soñar acaso! ¡Qué difícil! Pues en el sueño
      • de la muerte ¿qué sueños sobrevendrán
      • cuando despojados de ataduras mortales
      • encontremos la paz?
      • ...
        •  Ser o no ser, todo el problema es ése
        • ¿qué es más noble al espíritu, sufrir
        • golpes y dardos de la airada suerte,
        • o tomar armas contra un mar de angustias
        • y darles fin luchando?
        • Morir; dormir; no más; y con un sueño
        • dar fin a la congoja y sobresaltos
        • que la carne heredó, consumación
        • que se ha de desear. Morir, dormir,
        • dormir, tal vez soñar: ese es el caso:
        • porque el pensar que sueños trae la muerte
        • ya desprendidos del mortal estorbo
        • nos ha de contener. Ese respeto
        • larga existencia presta a mi fortuna
        • pues ¿quién sufriera el azotar del mundo
        • o al opresor, la afrenta del soberbio,
        • la hiel del huido amor, la tarda ley,
        • la insolencia del cargo y los desprecios
        • que al mérito le ofrece el hombre indigno,
        • cuando por sí se diera su descanso
        • con un simple estilete? ¿Quién querría
        • lamentarse y sudar toda una vida,
        • sin el temor de algo tras la muerte,
        • esa ignota región de cuyos límites
        • ninguno vuelve, que turba la mente,
        • y hace nos soportar los males ciertos
        • y no volar a otros ignorados?
        • La conciencia nos vuelve así cobardes
        • y así el matiz de la resolución
        • desmaya el suave tinte de la idea
        • y las empresas de rigor y empeño,
        • ante el temor, su curso tuercen pronto,
        • y dejan de tener nombre de acción...

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