Me pierdo, callada, nerviosa, omnipotentemente inutil. Tus palabras no son mas que compañeros de mis deseos, jugando, revolotiando en el aire. Tú, dices después mientras yo digo ahora, tres años y aún te espero, me retienes, atada, vulnerable, sólo mi ánima, buscas, ¿quien me tiene? vuelo, caigo, ¿en los brazos de quién?, pues no sé de hace tiempo pertencer a un lugar, no es precisamente mi segundo nombre. Becqer, ojos verdes, yo creo en el destino y tu no, más de un camino se presenta y sabes cual elegir, mas, no lo quieres, torcerle ambos brazos al destino, y piernas y cabeza y oidos y pestañas y fulgurosos labios, arrancárselos, comértelos, caer en áquel lago donde habitan esas algas verdes, pero sin que me toquen porque soy de áquel fango cafe debajo de esas algas, algas que quieren alcanzarme pero ¡ por aquel ser omnipotente que existe!... por qué me amarras tan fuerte ¿acaso no ves que esas chispas de luz que se cerraron, me ahogan y ya no me queda aire, ni para mi, ni para ti, ni para nadie.
...Y dices hablamos mañana.
y siempre me ha gustado mas el café. y no el agua de hierbas, verdoso, naturaleleza engañadora solo para admirarla, prefiero lo fuerte, lo abundante, lo penetrante del sabor, del olor, suopongo... de tí.
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